Vocación.
La vocación (del latín: vocare; llamar) es el deseo de emprender una carrera, profesión o cualquier otra actividad cuando todavía no se han adquirido todas las aptitudes o conocimientos necesarios. (Vía Wikipedia)
El otro día hablaba con mi pareja sobre cuándo decidimos qué trabajo queríamos realizar en la vida. Yo contesté que lo mío con la informática me viene de pequeño, no se si desde que vi alguna película o desde que usé por primera vez uno, allá por el año 86 en una tienda Ivarte y me quedé alucinado (me acuerdo perfectamente, aunque no había cumplido los 10 porque el dependiente de la tienda, amigo de mi padre, me regaló un balón de fútbol del Mundial de México 86 que se jugaba ese año por comprar una televisión).
Al oír mi respuesta mi pareja me dijo: - “Entonces lo tuyo es vocacional”. Y me quedé pensando, porque tiene razón. No se si por suerte o por desgracia, pero tiene razón.
Y es que tu trabajo tiene que ser vocacional, para aguantar que un cliente te despierte un domingo por la mañana a las 9 de la mañana para decirte que necesita que le hagas esa tarea que te pidió el viernes a última hora, cuando ya te habías ido del trabajo y su petición quedó en el buzón de tu correo. Aguantar y morderte la lengua para no decirle al cliente que el teléfono de guardia al que acaba de llamar para despertarte es solo para casos de emergencia, una caída de sistemas o algo similar.
Si, este trabajo tiene que ser vocacional para estar con la familia un fin de semana cualquiera y tener que estar pendiente del móvil por si hay cualquier problema y salir pitando, o para pararte dos horas en una gasolinera a explicar a un cliente/amigo como reiniciar un sistema crítico que se le ha caído y que tú instalaste, a pesar de que no tiene un contrato de mantenimiento contigo… a pesar de que no vas solo en el coche y que hay gente que llegará tarde a casa por tu culpa.
No puede ser sino vocación que cuando llegas a casa después de un duro día de trabajo lo primero que haces es encender el ordenador, porque la tele te aburre. ¿Cuándo en la vida has visto a tu padre que al llegar del trabajo se pusiera a poner ladrillos, cambiar ruedas o realizar la contabilidad?
Y en el fondo debe ser vocación, porque esta profesión no deja de maravillarte. No hay día que no descubras algo nuevo, o que no soluciones un problema o que digas: “La informática de esta empresa que acaba de salir en televisión funciona gracias a mí”. Y eso en el fondo, el maldito ego será, es lo que te convierte tu vocación en esclavitud, para tu desgracia, o la de los que te rodean.
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